Ámsterdam en 3 días: canales, casas inclinadas, molinos y mucha bicicleta

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ES
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Ámsterdam
⛰️ ALTITUD
2 m
📅 MEJOR ÉPOCA
Abril a septiembre
🗣️ IDIOMA
Neerlandés
💉 VACUNAS Y PREVENCIÓN
No se exigen vacunas obligatorias para el ingreso. Se recomienda tener al día las vacunas de rutina (triple viral, tétanos-difteria) y consultar con un centro de vacunación internacional antes de viajar.

Por qué ir a Ámsterdam. Ámsterdam es la capital de los Países Bajos y una de las ciudades más reconocibles de Europa por sus canales, sus casas estrechas de ladrillo y la cantidad de bicicletas que circulan por sus calles. Nació en el siglo XIII como un pequeño pueblo de pescadores junto a una presa sobre el río Amstel (de ahí su nombre) y vivió su Siglo de Oro en el XVII, cuando era una de las ciudades comerciales más ricas del mundo gracias a la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. De esa época es el anillo de canales del centro, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es una ciudad pequeña, llana y fácil de recorrer, con museos de primer nivel, mucha vida cultural y un ambiente abierto y tolerante. Esta guía recoge lo que vimos en tres días.
Cómo organizar los tres días. Una propuesta: el primer día, el casco histórico (Plaza Dam, Palacio Real, Iglesia Nueva y el barrio antiguo, con sus canales más estrechos); el segundo, los museos (Rijksmuseum, Museo Van Gogh y la Casa de Ana Frank, con reserva anticipada) y un paseo en barco por los canales; y el tercero, el barrio de Jordaan, los mercados, un molino y, si da tiempo, una excursión a Zaanse Schans, Volendam o los campos de tulipanes en primavera. Lo más práctico es moverse a pie, en tranvía o alquilar una bicicleta, aunque hay que tener cuidado con los carriles bici.
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Los canales y las casas inclinadas. La imagen típica de Ámsterdam: casas altas y estrechas, de ladrillo, con grandes ventanas y frontones decorados, a orillas de un canal. Muchas parecen inclinarse hacia delante, y es intencionado: se construyeron así, con una ligera inclinación, para poder subir los muebles con una polea por el exterior, ya que las escaleras interiores son muy estrechas. En el Siglo de Oro, los impuestos se calculaban según el ancho de la fachada, por lo que las casas se hicieron estrechas y profundas. En la foto se ve un canal del barrio antiguo con una esclusa, una pasarela con bicicletas aparcadas y, al fondo, la cúpula de la iglesia de San Nicolás. Pasear sin rumbo por los canales es lo mejor de la ciudad.
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El Palacio Real y la Plaza Dam. La plaza Dam es el centro histórico de la ciudad, en el lugar donde se construyó la presa original sobre el río Amstel. El gran edificio de piedra que la preside es el Palacio Real, construido en el siglo XVII como ayuntamiento, en pleno Siglo de Oro, y convertido en palacio durante la ocupación francesa de Napoleón. Su cúpula con una veleta en forma de barco recuerda el pasado comercial de la ciudad. Hoy se usa para actos oficiales de la familia real, aunque la reina no vive en él, y se puede visitar cuando está abierto. En la plaza hay mucho movimiento de turistas, artistas callejeros y bicicletas, y a un lado está la Iglesia Nueva, del siglo XV.
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Un molino en plena ciudad. Ámsterdam conserva algún molino de viento dentro de la ciudad, y uno de los más conocidos es el molino De Gooyer, de 1725, un molino de madera de estilo octogonal, el más alto de los Países Bajos en su categoría, junto a una cervecería artesanal. Los molinos se usaban para bombear el agua y mantener secas las tierras bajo el nivel del mar, así como para moler cereales y serrar madera. Una parte importante del país es una conquista al agua, mediante diques y pólderes, y los molinos son un símbolo de esa lucha constante. Los más visitados en las afueras son los de Zaanse Schans.
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El queso holandés. Una de las visitas más típicas es una tienda de quesos, con sus estantes llenos de pequeñas ruedas cubiertas con cera de colores: rojo, naranja, amarillo y verde, que según la tradición indican el tipo y el sabor, como el natural, el queso con hierbas o con pesto. Los más conocidos son el Gouda y el Edam, y se puede probar antes de comprar. Algunas tiendas venden bolsas con varias ruedas pequeñas, ideales como recuerdo, y se pueden envasar al vacío para el viaje. Conviene comparar precios y comprobar el etiquetado, porque los precios en el centro suelen ser más altos que en los mercados.
Museos y lugares imprescindibles. El Rijksmuseum reúne obras de Rembrandt y Vermeer, incluida La ronda de noche; el Museo Van Gogh tiene la mayor colección del pintor del mundo; y la Casa de Ana Frank, donde se escondió la familia durante la ocupación nazi, exige reservar entradas con semanas de antelación. Otros sitios que merecen la visita: el parque Vondelpark, el mercado de flores flotante (Bloemenmarkt), el barrio de Jordaan, el mercado de Albert Cuyp y el barrio de los museos. Un paseo en barco por los canales, de una hora aproximadamente, es una forma muy cómoda de ver el casco histórico desde el agua.
Qué comer. La cocina holandesa es sencilla y contundente. Para probar: el arenque crudo con cebolla y pepinillo (haring), los stroopwafels (galletas de caramelo), los poffertjes (minitortitas con azúcar glas), las patatas fritas con mayonesa, las bitterballen (croquetas redondas de carne) y el queso, por supuesto. También hay una gran oferta de cocina indonesia, herencia de las antiguas colonias, como el rijsttafel. Y de beber, cerveza de la zona. Para comer barato, los mercados callejeros y los puestos de comida rápida son una buena opción.
Consejos prácticos. (1) La mejor época es de abril a septiembre, aunque llueve con frecuencia en cualquier momento, así que hay que llevar impermeable; en abril y mayo florecen los tulipanes. (2) Los carriles bici son para bicicletas: hay que cruzarlos con cuidado. (3) El transporte público es muy bueno: tranvía, metro, autobús y ferry gratuito al norte. (4) Se paga casi todo con tarjeta, y algunos comercios no aceptan efectivo. (5) Hay que reservar con antelación los museos más populares y la Casa de Ana Frank. (6) La ciudad es cara en alojamiento, así que conviene buscar con tiempo. (7) Cuidado con los carteristas en las zonas muy concurridas y con las bicicletas.
Conclusión. Ámsterdam es una ciudad pequeña, abierta y muy agradable, que combina arte, historia, canales y buena vida en la calle. Con tres días se ve lo esencial, y siempre queda algún barrio, museo o excursión pendiente para volver.
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