Dubrovnik en 3 días: murallas, Stradun y la perla del Adriático

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Dubrovnik

Por qué ir a Dubrovnik. Dubrovnik es una ciudad amurallada del sur de Croacia, sobre la costa del mar Adriático, conocida como la «Perla del Adriático». Durante siglos fue la República de Ragusa, un estado independiente y próspero gracias al comercio marítimo, que se mantuvo libre hasta la llegada de Napoleón en 1808. Su casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1979 y se conserva casi intacto, con calles de piedra pulida, iglesias, palacios, fuentes y las murallas que lo rodean. En los últimos años se ha hecho famosa también por haber servido de escenario a series y películas, y en verano se llena de visitantes. Esta guía recoge lo que vimos en tres días.
Cómo organizar los tres días. Una propuesta: el primer día, el casco antiguo (Puerta de Pile, Stradun, Torre del Reloj y el Puerto Viejo); el segundo, el recorrido por las murallas a primera hora, y por la tarde un paseo en kayak o en barco por la costa; el tercero, la playa de Banje, el teleférico al monte Srđ y una excursión de un día a una de las islas Elafiti o a Cavtat. Conviene evitar las horas centrales del día en verano, tanto por el calor como por las multitudes, y reservar con antelación el alojamiento dentro de las murallas.
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La playa de Banje y las vistas del casco antiguo. Justo fuera de las murallas, en el lado este, está la playa de Banje, la más cercana al centro. Es una playa de guijarros y arena gruesa, de aguas muy claras, con tumbonas y chiringuitos, y desde ella se ve el casco antiguo con los tejados naranjas, el fuerte de San Juan junto al Puerto Viejo y, a la derecha, la torre del Fuerte Lovrijenac. Es muy popular en verano, así que conviene ir temprano. Desde aquí salen también barcos pequeños hacia la isla de Lokrum y las Elafiti.
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El Fuerte Bokar y la costa. En el extremo oeste de las murallas, junto a la Puerta de Pile, hay una gran torre circular de piedra que domina el mar: es el Fuerte Bokar, construido en el siglo XV como parte de las defensas de la ciudad. Sus gruesos muros, de más de cuatro metros de ancho, protegían uno de los puntos más vulnerables de las murallas. Desde sus alrededores se ve el agua cristalina del Adriático, con verdes y azules muy intensos, y se pueden ver grupos de kayaks que salen a recorrer la costa por fuera de las murallas, una excursión muy recomendable de unas dos o tres horas.
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El Stradun y la Torre del Reloj. El Stradun, también llamado Placa, es la calle principal de la ciudad: una avenida de piedra caliza pulida por los siglos, de unos trescientos metros, que va desde la Puerta de Pile hasta el Puerto Viejo. A los lados hay casas del siglo XVII, tiendas, cafés y terrazas. Al final se alza la Torre del Reloj, del siglo XV, con su campanario. Junto a ella están el Palacio del Rector y la columna de Orlando. Es el corazón de la vida de Dubrovnik, con mucha gente a casi todas horas, y hay que recorrerlo al menos una vez de día y otra de noche.
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La Torre del Reloj al atardecer. Al caer la tarde, la torre se ilumina con luz cálida y se ve con más detalle su reloj, con un sol de hierro con rayos ondulados en el centro, la esfera dorada de las fases de la luna debajo y una brújula grabada arriba. La torre mide unos treinta metros, y el reloj marca la hora con un sistema de números iluminados en la base. Es una de las imágenes más típicas de Dubrovnik, y de noche, con las terrazas llenas, la plaza tiene muchísimo ambiente.
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Campanas y espadañas. Entre los tejados del casco antiguo destacan las espadañas, campanarios sencillos de piedra con arcos en los que cuelgan las campanas, muy típicos de las iglesias y conventos de la costa dálmata. Es un buen motivo para levantar la vista, sobre todo desde las murallas, desde donde se ven a la altura de los ojos. Su sonido forma parte de la vida diaria de la ciudad, que cuenta con decenas de iglesias, capillas y monasterios dentro de un casco antiguo muy pequeño.
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Tejados naranjas y callejuelas. Los tejados de teja naranja son la imagen de marca de Dubrovnik, y se aprecian bien desde las murallas, el teleférico o los miradores. Muchas de las tejas actuales son nuevas, ya que se reemplazaron a raíz de los daños sufridos durante la guerra de los años noventa, y todavía se pueden distinguir tejas más oscuras de las originales. Entre las casas, escaleras estrechas, terrazas, ropa tendida y gatos componen una ciudad viva, no solo un decorado. En la ladera de detrás se ven los barrios modernos, que suben por la colina.
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Recuerdos y tiendas. En las callejuelas del casco antiguo abundan las tiendas de recuerdos, como este farol luminoso que anuncia una de ellas. Entre lo típico para llevarse están los productos de lavanda, el aceite de oliva, los licores locales (como la rakija), los encajes de Konavle, la cerámica y los imanes. Conviene comparar precios y, si se busca algo más auténtico, buscar artesanos locales y tiendas pequeñas en las calles laterales, ya que los precios en el Stradun son más altos.
Las murallas. El paseo por las murallas es la actividad imprescindible: son casi dos kilómetros de recorrido continuo, con torres, bastiones y fuertes, y vistas de los tejados, del puerto y del mar. Se construyeron entre los siglos XII y XVII y nunca fueron conquistadas por ningún ejército. Se tarda entre una hora y media y dos horas, y hay que llevar agua, sombrero y calzado cómodo, porque casi no hay sombra y hay muchos escalones. Conviene hacerlo a primera hora o al final de la tarde, y comprar la entrada con antelación. También ofrece buenas vistas el teleférico al monte Srđ, desde donde se ve todo el casco antiguo desde arriba.
Qué comer. La cocina de Dubrovnik mezcla influencias dálmatas e italianas. Para probar: el marisco y el pescado a la brasa, el risotto negro de sepia, las ostras de Ston (a unos 60 km), el pulpo en ensalada, el pašticada (estofado de carne con ñoquis), el peka (carne o pulpo cocinado bajo una campana de hierro) y los quesos y jamones locales. De postre, la rožata, una especie de flan con licor y caramelo típico de la ciudad. Los vinos de la península de Pelješac, como el Plavac Mali, son excelentes. Las zonas más baratas para comer están algo alejadas del Stradun, en las calles laterales.
Consejos prácticos. (1) Las mejores épocas son mayo, junio y septiembre: en julio y agosto hay mucha gente y mucho calor. (2) Croacia usa el euro desde 2023. (3) Si llegan cruceros, el casco antiguo se satura; hay que evitar las horas centrales. (4) El casco antiguo es peatonal y tiene muchas escaleras, así que no es adecuado para carritos ni para movilidad reducida. (5) Hay que reservar con antelación las murallas, el alojamiento y las excursiones. (6) Se puede ir en barco a Lokrum y a las Elafiti. (7) Lleva calzado cómodo: las piedras pulidas resbalan, sobre todo si llueve.
Conclusión. Dubrovnik es una ciudad de postal, con una historia fascinante y un mar de color increíble. Aunque se llena de visitantes en verano, madrugando y escapando a las islas se disfruta mucho. Tres días permiten ver lo esencial, y siempre queda pendiente algún rincón de la costa dálmata.
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