Moscú en 4 días: Plaza Roja, Kremlin, rascacielos soviéticos y mucho más
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ES
Moscow
📅 BEST SEASON
May to September
💉 VACCINES & PREVENTION
No mandatory vaccines are required for entry. Routine vaccines (MMR, tetanus-diphtheria) should be up to date; check with a travel health clinic before departure.
Por qué ir a Moscú. Moscú es la capital de Rusia y la ciudad más grande de Europa, con más de doce millones de habitantes. Fue fundada en el siglo XII, se convirtió en el centro del Principado de Moscovia y, desde 1547, en la capital del zarato ruso; después fue capital de la Unión Soviética y hoy lo es de la Federación Rusa. Esa historia se refleja en su arquitectura: iglesias de cúpulas de colores, palacios imperiales, rascacielos de la época de Stalin y enormes avenidas. Es una ciudad impresionante por sus dimensiones, con un metro famoso por sus estaciones decoradas como palacios y con una vida cultural intensa. Esta guía recoge lo que vimos en cuatro días, explicando cada lugar.
Cómo organizar los cuatro días. Una propuesta: el primer día, la Plaza Roja y los edificios que la rodean (Catedral de San Basilio, Museo Histórico, Catedral de Kazán y GUM); el segundo, el recinto del Kremlin, con sus catedrales y la Campana del Zar; el tercero, un recorrido por el metro y por los rascacielos estalinistas, y un paseo junto al río Moscova; y el cuarto, el Parque Gorki y las compras de recuerdos. Conviene saber que algunos trámites, como el visado o el registro, deben consultarse con antelación, y que el cirílico complica la orientación, así que es útil descargar un mapa sin conexión.
La Catedral de San Basilio. Es el símbolo más conocido de Moscú y de Rusia. Fue construida entre 1555 y 1561 por orden de Iván el Terrible para conmemorar la conquista de Kazán. Su nombre oficial es Catedral de la Intercesión de la Virgen, y se conoce como San Basilio por el santo «loco de Cristo» enterrado allí. No es un solo templo, sino un conjunto de nueve iglesias, una central y ocho alrededor, cada una con una cúpula de forma y color distintos: rayadas, de rombos, de escamas... La leyenda cuenta que Iván cegó al arquitecto para que no pudiera construir nada igual, aunque los historiadores lo ponen en duda. Por dentro es más sorprendente aún: un laberinto de pasillos estrechos con frescos y capillas.
El monumento a Minin y Pozharski. Delante de San Basilio se levanta esta escultura de bronce, inaugurada en 1818, que representa al comerciante Kuzma Minin, que señala hacia el Kremlin, y al príncipe Dmitri Pozharski, que sostiene la espada y el escudo. Ambos organizaron un ejército popular que expulsó a las tropas polacas de Moscú en 1612, durante el Tiempo de los Disturbios. La inscripción del pedestal, en caracteres cirílicos, dice «Al ciudadano Minin y al príncipe Pozharski, la Rusia agradecida, año 1818». Fue el primer monumento público importante de Moscú y se colocó originalmente en el centro de la Plaza Roja.
El Museo Histórico del Estado. En el extremo norte de la Plaza Roja se encuentra este gran edificio de ladrillo rojo, de estilo neorruso, construido entre 1875 y 1881. Sus torres con tejados puntiagudos y remates dorados con águilas bicéfalas lo convierten en una de las fachadas más reconocibles de la plaza. Alberga la mayor colección de objetos de la historia de Rusia, desde la prehistoria hasta el siglo XX, con salas que recorren las distintas épocas. Está pensado para pasar varias horas en él, y es una buena opción en días de lluvia.
La estatua del mariscal Zhukov. Junto a la entrada del Museo Histórico, un monumento ecuestre de bronce representa al mariscal Gueorgui Zhukov, el comandante soviético más condecorado de la Segunda Guerra Mundial, que dirigió la defensa de Moscú y la toma de Berlín. Se inauguró en 1995, con motivo del 50 aniversario de la victoria, y muestra al mariscal a caballo, pisando los estandartes nazis. A su pie suele haber flores, sobre todo en los días conmemorativos. En esta zona se encuentra también la Puerta de la Resurrección, que da acceso a la Plaza Roja.
La Catedral de Kazán. Es una pequeña iglesia de color rosa y blanco con cúpulas doradas y tejados verdes, en la esquina de la Plaza Roja. Fue construida en 1636 para agradecer a la Virgen de Kazán la liberación del país frente a los polacos, fue demolida en 1936 por orden soviética y reconstruida a principios de los años noventa, a partir de fotografías y planos. Es un buen ejemplo de la arquitectura del siglo XVII y, aunque queda a la sombra de San Basilio, merece una visita. En su interior se conserva una réplica del icono de la Virgen de Kazán.
La Campana del Zar, en el Kremlin. Dentro del recinto del Kremlin, junto al campanario de Iván el Grande, está la mayor campana del mundo: pesa unas 200 toneladas y mide más de seis metros de altura. Fue fundida entre 1733 y 1735 y nunca llegó a tocar: durante un incendio, un fragmento de unas once toneladas se desprendió y la dejó inservible. Hoy está sobre un pedestal de piedra, y sus relieves muestran a los zares y a santos. Cerca están también el Cañón del Zar y las catedrales de la Asunción, de la Anunciación y del Arcángel, que forman la plaza de las Catedrales. Hay que comprar las entradas con antelación y llevar el pasaporte.
Los rascacielos de Stalin. A orillas del río Moscova se levanta uno de los edificios conocidos como las «Siete Hermanas», un grupo de rascacielos construidos entre 1947 y 1953, de estilo neoclásico soviético, con flechas centrales rematadas por estrellas doradas. En la imagen se ve el edificio de apartamentos de la Kotelnícheskaya, con más de 170 metros de altura, con el puente sobre el río en primer plano. Fueron símbolo del poder soviético y sigue habiendo gente que vive en ellos. Caminar por las orillas del Moscova es una forma agradable de ver la ciudad desde otro ángulo, y hay paseos en barco que recorren todo el centro.
El Parque Gorki. Es el gran parque urbano de Moscú, a orillas del río, abierto en 1928 y renovado a partir de 2011. Con la remodelación pasó de ser un parque de atracciones envejecido a un espacio de ocio con fuentes, jardines con tulipanes, cafeterías, alquiler de bicicletas y patines, y actividades gratuitas durante todo el año. En invierno se convierte en la mayor pista de patinaje sobre hielo de la ciudad. En la foto se ven las grandes fuentes de la entrada, con los tulipanes de primavera en primer plano. Es un buen lugar para descansar de tanto monumento y ver cómo viven los moscovitas.
Matrioskas. Las muñecas rusas son el recuerdo más típico de Moscú. Se trata de muñecas de madera huecas, pintadas a mano, que se encajan unas dentro de otras. La primera se hizo en 1890 en el taller de Sergiev Posad, cerca de Moscú, inspirada en una figura japonesa. Hay desde las más sencillas, a precios bajos, hasta series de decenas de piezas pintadas con detalle, con dibujos de flores, bayas, cuentos populares o hasta políticos. Conviene comparar entre tiendas y comprarlas en mercados de artesanía o tiendas especializadas, para evitar imitaciones baratas.
Chapas y pins de la era soviética. Otro recuerdo muy popular son las chapas esmaltadas de la época soviética. En una vitrina se ve una enorme colección con insignias del Komsomol, de las olimpiadas de Moscú de 1980, de ciudades, deportes, el espacio, aniversarios y de la Revolución. Los pins se convirtieron en un objeto de coleccionista y de intercambio, y todavía se pueden encontrar a buen precio en mercados como el de Izmailovo. Son pequeños, ligeros y una forma original de llevarse un trozo de historia del siglo XX.
Qué comer. La cocina rusa es contundente y pensada para el frío. Platos para probar: el borsch (sopa de remolacha con crema agria), los pelmeni (empanadillas de carne), los blinis con caviar, salmón o crema, la ensaladilla rusa (olivier), el stroganoff de ternera y los pirozhki (empanadas fritas o al horno). De postre, el pastel de Napoleón y los helados, que los rusos toman incluso en invierno. Para beber, té con mermelada, kvas (una bebida fermentada de pan de centeno) y, por supuesto, vodka. Una buena opción para comer económico son las cafeterías self-service tipo stolovaya.
Consejos prácticos. (1) Los requisitos de entrada, visado y registro cambian con frecuencia: hay que consultarlos antes de viajar con fuentes oficiales. (2) La mejor época es de mayo a septiembre, con temperaturas suaves; en invierno hace mucho frío, aunque la ciudad nevada es preciosa. (3) El metro es el mejor medio de transporte: barato, rápido y con estaciones espectaculares como Komsomolskaya, Mayakóvskaya o Novoslobodskaya. (4) Los carteles están en cirílico, y conviene aprender a leerlo o tener un traductor en el móvil. (5) Hay que reservar con antelación la entrada del Kremlin y de otros museos. (6) Hay que tener cuidado con los taxis no oficiales y con las estafas a turistas. (7) Algunas zonas céntricas, como la Plaza Roja, pueden cerrarse por actos oficiales, así que es mejor tener un plan alternativo.
Conclusión. Moscú es una ciudad de contrastes: iglesias de cuento, monumentos soviéticos, enormes parques y un ritmo de vida frenético. Cuatro días permiten ver lo esencial, pero queda mucho por descubrir, desde el Metro y los teatros hasta los monasterios de los alrededores.