Sevilla en 3 días: la Plaza de España, el Guadalquivir y el sabor del tapeo andaluz
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ES
Sevilla
📅 MEJOR ÉPOCA
Marzo a mayo y octubre a noviembre
💉 VACUNAS Y PREVENCIÓN
No se exigen vacunas obligatorias para el ingreso. Se recomienda tener al día las vacunas de rutina (triple viral, tétanos-difteria) y consultar con un centro de vacunación internacional antes de viajar.
Por qué ir a Sevilla. Sevilla es la capital de Andalucía y una de las ciudades con más carácter de España. Fue la Hispalis romana, la Isbiliya musulmana y, tras la conquista cristiana de 1248, uno de los puertos más ricos del mundo, porque desde aquí partía y llegaba el comercio con América. De todo eso queda un patrimonio extraordinario: la Catedral y la Giralda, el Real Alcázar, el Archivo de Indias y la Plaza de España. Es una ciudad llana, muy agradable para pasear, con calles estrechas, patios con azulejos, naranjos y mucha vida en la calle. Esta guía recoge lo que vimos en tres días, con una explicación de cada lugar.
Cómo organizar los tres días. Una propuesta: el primer día, el casco histórico (Catedral, Giralda, Real Alcázar y barrio de Santa Cruz); el segundo, el Parque de María Luisa y la Plaza de España, y por la tarde un paseo junto al Guadalquivir; el tercero, el barrio de Triana, el mercado y, si queda tiempo, un espectáculo de flamenco. Conviene reservar con antelación las entradas del Alcázar y de la Catedral, y evitar las horas centrales del día en verano, porque el calor es muy fuerte.
La Plaza de España. Es el gran icono de Sevilla. Se construyó entre 1914 y 1929 para la Exposición Iberoamericana de 1929, según el proyecto del arquitecto Aníbal González, dentro del Parque de María Luisa. Tiene forma de semicírculo, con un gran edificio de ladrillo visto y cerámica que abraza la plaza y un canal con cuatro puentes que simbolizan los antiguos reinos de España. En esta foto se ve el puente cubierto de azulejos con balaustres de cerámica azul y blanca, y al fondo el edificio central, con sus arcadas y su cubierta de teja. A lo largo del muro hay bancos de azulejos dedicados a cada provincia española, con un mapa y una escena histórica de cada una. La entrada es gratuita.
Las torres y los barandales de cerámica. Los dos extremos de la plaza están rematados por sendas torres de unos 74 metros, de inspiración barroca y renacentista, hechas de ladrillo rojizo, con balcones y cúpulas. Delante, una barandilla de balaustres de cerámica vidriada, con farolas azules y blancas, recorre el canal. Es un buen punto para ver cómo se combinan la tradición mudéjar, los azulejos de Triana y la arquitectura regionalista. Además, en el canal se pueden alquilar pequeñas barcas de remos, que se ven aparcadas en la foto, para recorrerlo unos minutos.
El puente de Isabel II y el barrio de Triana. Sobre el Guadalquivir, el puente de Isabel II, conocido como puente de Triana, une el centro con el barrio de Triana. Es una obra de hierro inaugurada en 1852, la más antigua de su estilo en España, y sus arcos con aros de hierro le dan un aspecto muy característico. Triana es el barrio de los marineros, los ceramistas y los flamencos; hoy es un lugar muy animado, con bares, tiendas de cerámica y restaurantes en la orilla. En el río hay barcos turísticos que hacen paseos de una hora y es agradable caminar por las orillas del Guadalquivir al atardecer.
Caracoles, una tapa de temporada. En primavera y verano es típico encontrar en las barras de Sevilla los caracoles, que se sirven en un cuenco, en su caldo con hierbas, comino, hierbabuena y guindilla, y se comen con palillo. No son para todos los gustos, pero son muy populares entre los sevillanos y una forma de probar la cocina más tradicional. Se piden por raciones y se toman con una cerveza fría o un vino fino. La foto es de poca luz, ya que fue tomada en un bar por la noche.
La Catedral, la Giralda y el Real Alcázar. La Catedral de Sevilla es la mayor catedral gótica del mundo y alberga la tumba de Cristóbal Colón. Su campanario, la Giralda, fue originalmente el alminar de la mezquita almohade del siglo XII; se sube por rampas, no por escaleras, y desde arriba hay unas vistas excelentes. Frente a ella se encuentra el Real Alcázar, un palacio que mezcla los estilos mudéjar, gótico y renacentista, con patios, jardines y salones de gran belleza, y que sigue siendo residencia oficial de la Familia Real cuando viaja a Sevilla. Muy cerca, el barrio de Santa Cruz, el antiguo barrio judío, es un laberinto de calles encaladas y plazas con naranjos.
Qué comer. La tradición de las tapas es fundamental en Sevilla. Para probar: el salmorejo y el gazpacho, el pescaíto frito, las espinacas con garbanzos, el rabo de toro, la carrillada ibérica, el jamón ibérico, las pavías de bacalao y las tortillitas de camarones. De postre, las yemas de San Leandro o los pestiños. Para beber, cerveza muy fría, tinto de verano o vino fino, y en primavera el rebujito durante la Feria. Muchos bares tienen la barra llena de gente a la hora del aperitivo, así que conviene tomar las tapas de pie y moverse de local en local.
Consejos prácticos. (1) Las mejores épocas son marzo a mayo y octubre y noviembre: en julio y agosto se superan fácilmente los 40 grados. (2) La Semana Santa y la Feria de Abril son las fiestas más importantes, y hay que reservar alojamiento con mucha antelación. (3) El centro es peatonal y se recorre muy bien a pie; también hay un servicio público de bicicletas, muy práctico en una ciudad llana. (4) Lleva agua, sombrero y protector solar. (5) Las cenas son tarde, a partir de las 21:00. (6) El Alcázar y la Catedral tienen colas largas en temporada alta; mejor entradas con horario. (7) Cuidado con los objetos de valor en las zonas más concurridas.
Conclusión. Sevilla es una ciudad para disfrutar sin prisa: su patrimonio, sus patios, su río y su cocina la convierten en un destino completo. Tres días permiten ver lo esencial y, aun así, queda mucho por descubrir, desde los pueblos blancos de la provincia hasta las ruinas romanas de Itálica.